Abuk Bak, de Sudán del Sur, fue secuestrada en 1987 en una redada de esclavos a
los 12 años. Fue violada, recibió agresiones físicas que casi le cuestan la
vida y esclavizada durante 10 años, antes de que el conflicto étnico-separatista
en Darfur fuera visible internacionalmente. Michelin Slattery, de Haití, a los cinco años, luego de quedar huérfana, fue víctima
del restavec, un sistema de esclavitud infantil institucionalizado en su país
de origen. Fue empleada doméstica de su tía hasta los 14 años, luego fue
esclavizada por un primo en Connecticut, EU, hasta que pudo escapar 4 años
después, en 1998. Karla Jacinto, mexicana, fue violada aproximadamente 43,000 veces al ser
capturada por una red de tráfico sexual de mujeres. Estuvo esclavizada
sexualmente en su país desde los 12 hasta los 16 años, cuando finalmente fue
rescatada en 2008 con un hijo que había tenido a los 15 años con su proxeneta. Nohemí, sometida a maltratos
físicos y forzada a trabajar desde niña por una familia colombiana en los años
60, solo pudo hablar cuando la hija de sus esclavizadores reveló la historia. Más
de 50 años después, cuando sus verdugos muy seguramente no resarcirán, ni
siquiera un poco, su sufrimiento. Ninguna de ellas recibía pago y estaban
condenadas al abandono, la violencia y la explotación.
Relacionado: Así es como los padrotes de Tlaxcala atraen niñas al mundo de la trata
Las historias de estas cuatro mujeres son solo un punto
microscópico de atrocidad en un universo donde la esclavitud sigue creciendo
bajo diversas modalidades y afecta a hombre, mujeres, niñas y niños. El
"tráfico humano" es el concepto moderno con el que se acuña las nuevas formas
de esclavitud. El Tráficosexual, el trabajo forzoso, la servidumbre doméstica, la servidumbre por deudas y la explotación infantil son algunas de las formas que adquiere la esclavitud moderna.
Ninguna menos atroz que otra y todas se valen de lo mismo: personas en
situación de vulnerabilidad que son usadas por sistemas de explotación,
privados y públicos, perversos donde ocurren inimaginables violaciones a los
derechos humanos. Violencia física y sicológica, extenuantes jornadas
laborales sin pago, aislamiento y confinamiento en condiciones infrahumanas,
son sólo algunas de ellas.
Hay factores que favorecen contextos propicios para la esclavitud.
El crecimiento de las poblaciones empobrecidas, las precarias condiciones para
los migrantes, la discriminación estructural hacia ciertas poblaciones y la
ausencia de protección por parte de los Estados, son algunos catalizadores para
la esclavitud. En muchos casos quienes terminan trabajando en condiciones
extremadamente precarias lo hacen por la necesidad de superar la pobreza
extrema o llevados por circunstancias de vulnerabilidad, como entornos
familiares de abuso.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que hoy hay
aproximadamente 20.9 millones de personas esclavas, de las cuales el 26 por ciento son
niños y niñas, esto es, más personas en esclavitud que en cualquier periodo de
la historia. La OIT señaló que para el 2012
el 76 por ciento de la esclavitud correspondía a esclavitud relacionada
con trabajo, bien
sea trabajo forzado, por deudas, doméstico o explotación infantil. El 22
por ciento restante corresponde a tráfico sexual, donde también hay
explotación de
menores. Pero además, la misma entidad señala que esta no es una
barbarie
reservada a los llamados países en desarrollo. Si bien hay prevalencia
en
África y Asia (4 y 3.3 esclavos por 1000 habitantes), en Europa y
Norteamérica
también hay esclavitud, con un estimado de 1.5 esclavos por cada 1,000
habitantes y Latinoamérica no escapa a esta situación con un estimado de
3.1
personas en esclavitud por cada 1,000 habitantes.
Gobal
Slavery Index 2014.
Las historias de Abuk, Michelin, Karla y Nohemí parecen ajenas y
distantes, pero son más cercanas de lo que creemos. Muchos de los esclavos en
la actualidad trabajan para industrias como la agricultura, la pesca, la construcción, la manufactura y la
minería, que producen materias primas de uso cotidiano como tomates, cacao, atún,
camarones, algodón, azúcar, hierro y oro. Asimismo, en la manufactura,
muchas empresas de confección de prendas de vestir y calzado, como Forever 21,
Abercrombie & Fitch, Quiksilver, Sketchers, H&M, Primark y Lacoste, así
como productores de dispositivos electronicos como Apple, Samsung y Sony, favorecen prácticas de esclavitud que generan
ganancias anuales por más de 150,000 millones de dólares.
Ser conscientes de que esto es un problema actual de proporciones gigantescas es un primer paso para poner un granito de arena en la superación de un problema decimonónico de dimensiones globales. El segundo, es tratar de engancharnos más con un consumo responsable (buycott), que es difícil, pero puede ayudar en el largo plazo a aliviar el problema; y tercero, exigir a los Estados que implementen normas y medidas de protección tanto a los migrantes como a los habitantes en situación de riesgo de esclavitud. Podría empezarse por exigirle al gobierno que suscriba y ratifique el Protocolo de 2014 al Convenio contra eltrabajo forzado de 1930 de la OIT (que únicamente ha sido ratificado por Níger) como una muestra de su compromiso de lucha contra un crimen internacional.
Si por una extraña circunstancia de la
vida estuviésemos fuera de cadenas de esclavitud (que es poco probable y si
quiere puede revisarlo en SlaveryFootPrint) y no tuviéramos ninguna responsabilidad en la esclavitud de millones de
personas, la lucha contra esta atrocidad es un asunto mínimo de empatía y
humanidad. Muchos de los esclavos provienen de países como México —se estima que en el país hay 266,900 personas en esclavitud moderna— todos ellos son seres humanos como
usted, su familia, sus amigos y como yo.
Paola Molano Ayala es Investigadora
de Dejusticia. En Twitter la encuentras como @PMolanoA
No hay comentarios.:
Publicar un comentario